Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, 20 años de una promesa real: una boda sin ‘sí, quiero’, una princesa solitaria y un vestido de 6.000 euros

Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, 20 años de una promesa real: una boda sin ‘sí, quiero’, una princesa solitaria y un vestido de 6.000 euros

Dos décadas han pasado desde que en un lluvioso día de mayo don Felipe y doña Letizia se prometieran amor eterno. Repasamos cómo fue el día del enlace de los hoy reyes de España que mantuvo ante la pantalla a millones de personas.

Un enlace muy esperado
Una lluviosa y gris mañana de mayo de 2004 se juraban amor eterno los entonces príncipes de Asturias. Era el 22 de mayo de hace 20 años y miles de personas se agolpaban, paraguas en mano (pese a que se habían repartido casi 200.000 abanicos dado que las previsiones anunciaban un día soleado), en los alrededores de la catedral de la Almudena para ver llegar a don Felipe y, sobre todo, a Letizia Ortiz Rocasolano, la periodista y presentadora del Telediario de TVE que había dejado su profesión por amor después de que el 1 de noviembre de 2003 la Casa Real anunciara (o mejor dicho, confirmara, porque Terelu Campos había dado la noticia el día anterior en su programa de Telemadrid) su compromiso con el heredero al trono español. Antes del gran día, Felipe y Letizia protagonizaron varios actos públicos y, sin duda, la aparición tras su pedida de mano

—el 6 de noviembre de ese año— nos dio una primera impresión de cuál sería el papel de la asturiana al lado de su futuro marido. Vestida con un impecable traje de chaqueta y pantalón blanco firmado por Armani, doña Letizia se mostró nerviosa y don Felipe no soltó de la mano a su prometida en ningún momento.

Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, 20 años de una promesa real: una boda sin  'sí, quiero', una princesa solitaria y un vestido de 6.000 euros | Vanity  Fair

Ambos posaron sonrientes y regalaron miradas y gestos cómplices a la prensa que los esperaba en los jardines del Pabellón del Príncipe, hoy su residencia oficial, situada a un kilómetro del palacio de la Zarzuela. Él enseñó los gemelos de oro y zafiros que la novia le había regalado; ella mostró su anillo de compromiso, un diseño de la joyería Suárez, de la colección Grace y en oro blanco y diamantes en talla baguette de estilo infinity. Después comentar lo felices que estaban, se produjo una comentada anécdota que dio la vuelta al mundo.

Doña Letizia mandó callar a su prometido. Ella estaba diciendo: “Está claro que a partir de ahora y de forma progresiva voy a integrarme en esta nueva vida con las responsabilidades que conlleva y con el apoyo y el cariño de…”, cuando el príncipe trató de intervenir y la periodista le cortó: “Déjame terminar”, provocando la sonrisa de los presentes y miles de comentarios maliciosos (algunos se repitieron durante años) sobre su posible dificultad, que con el tiempo quedó ampliamente descartaDoña Letizia se preparó a fondo tras instalarse en la Zarzuela para aprender todo lo necesario y cumplir con su labor institucional sin que nadie pudiera ponerle ningún pero. Esos inicios no fueron fáciles para ella, una “plebeya” criada en una familia trabajadora de la que hasta se criticó que tuviera un abuelo taxista. Eran otros tiempos y sufrió furibundos e injustos ataques de cortesanos que no admitían que la futura reina fuera una mujer con una carrera, trabajadora e independiente, y que además estaba divorciada de su primer marido.

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Pero doña Letizia aguantó las embestidas y llegó a su gran día con ciertos nervios lógicos, al saberse observada por millones de personas en todo el mundo, e incluso con algo de fiebre, puesto que había tenido una infección de garganta apenas unos días antes del enlace.