¡Besó Accidentalmente a un Desconocido para Escapar de su Ex… y Descubrió que Era el Jefe Más

LA MUJER QUE HUYÓ DE SU PASADO… Y TERMINÓ EN LOS BRAZOS DEL HOMBRE MÁS PELIGROSO DE CHICAGO

El Hotel Draque brillaba como si la ciudad entera hubiera sido invitada a una sola noche de lujo.

Cristales colgando del techo.

Copas de champagne llenas.

Trajes de miles de dólares.

Mujeres cubiertas de diamantes.

Empresarios sonriendo mientras hablaban de negocios que nadie decía en voz alta.

Era una noche diseñada para que todos parecieran perfectos.

Y Chloe Thompson era una de esas personas que parecían perfectas.

Vestía un elegante vestido de terciopelo verde esmeralda hecho a medida. Su cabello estaba cuidadosamente peinado. Su maquillaje era impecable.

A simple vista, parecía una mujer segura.

Una mujer que pertenecía a ese mundo.

Pero nadie podía ver lo que ocurría dentro de ella.

Porque debajo del vestido caro había una mujer que todavía tenía miedo.

Mucho miedo.

Chloe tenía veintiocho años.

Era una contadora brillante.

Una de las mejores de su empresa.

Podía analizar miles de números en pocas horas. Podía encontrar errores que otros profesionales pasaban por alto durante meses.

Pero había una cosa que no había podido calcular.

Cómo escapar de Derek Gayager.

Durante tres años, Derek había destruido lentamente la confianza que Chloe tenía en sí misma.

Al principio parecía perfecto.

Educado.

Encantador.

El hombre que todos admiraban.

Pero en privado era diferente.

Controlaba lo que ella comía.

Criticaba su cuerpo.

Le decía que nadie más la querría.

—Deberías agradecer que estoy contigo —le repetía.

Y Chloe, poco a poco, comenzó a creerlo.

Cada comentario.

Cada humillación.

Cada momento donde él la hacía sentir insuficiente.

Hasta que una noche todo cambió.

Derek había perdido el control.

Había arrojado un vaso contra la pared.

El cristal explotó a centímetros de ella.

Chloe recordó quedarse inmóvil, mirando los pedazos en el suelo.

En ese momento entendió algo.

No estaba en una relación difícil.

Estaba en peligro.

Y escapar había sido la decisión más difícil de su vida.

Durante meses intentó reconstruirse.

Volver a verse como una persona.

No como alguien que necesitaba permiso para existir.

Por eso había aceptado asistir a aquella gala.

Era una forma de demostrarle al mundo y a sí misma que Derek ya no tenía poder sobre ella.

Hasta que lo vio.

Al otro lado del salón.

Derek.

Su corazón se detuvo.

No podía ser.

Él debía estar en Nueva York.

Pero estaba allí.

Mirándola.

Sonriendo.

No una sonrisa amable.

Una sonrisa que Chloe conocía demasiado bien.

Una sonrisa que decía:

«Todavía puedo encontrarte».

El aire desapareció de sus pulmones.

Derek comenzó a caminar hacia ella.

Chloe no pensó.

No calculó.

No analizó.

Simplemente huyó.

Salió del salón principal.

Entró en un corredor más oscuro.

Sus tacones golpeaban el suelo con rapidez.

Detrás de ella escuchaba sus pasos.

—Chloe.

La voz de Derek.

Calma.

Demasiado calma.

Eso era lo que más miedo le daba.

Giró una esquina.

No había salida.

Solo una zona privada con poca luz.

Entonces vio una figura.

Un hombre de pie junto a la ventana.

Alto.

Vestido completamente de negro.

No sabía quién era.

No sabía qué hacía allí.

Pero no tenía tiempo.

En un impulso desesperado, Chloe se acercó.

Le tomó la chaqueta.

Y lo besó.


Vincent Moretti no estaba acostumbrado a ser sorprendido.

Durante años había construido una reputación basada en el control.

Todos sabían quién era.

El heredero de la familia Moretti.

El hombre que dirigía negocios legales e ilegales con la misma precisión.

Un hombre al que nadie tocaba sin consecuencias.

Por eso aquella situación era absurda.

Una mujer desconocida acababa de atraparlo en un pasillo y besarlo como si su vida dependiera de ello.

Su primera reacción fue apartarla.

Pero no lo hizo.

Algo lo detuvo.

La forma en que ella temblaba.

No era seducción.

Era miedo.

Puro miedo.

Vincent sintió cómo sus manos se cerraban sobre su chaqueta.

—Por favor —susurró Chloe.

Una sola palabra.

Una petición.

Entonces entendió.

No estaba jugando.

Estaba escapando.

Los pasos de Derek se acercaron.

Vincent miró hacia el corredor.

Después volvió a mirar a Chloe.

Y tomó una decisión.

La acercó más.

El beso cambió.

Lo que había empezado como una actuación se volvió algo demasiado real.

Demasiado intenso.

Chloe sintió el calor de sus manos.

La seguridad de estar junto a alguien que no parecía tener miedo de nada.

Por unos segundos olvidó a Derek.

Olvidó la vergüenza.

Olvidó todo.

Derek pasó por el corredor.

Miró alrededor.

No la vio.

Continuó caminando.

Cuando desapareció, Chloe se separó rápidamente.

—Lo siento.

Su respiración estaba agitada.

—No sabía qué hacer.

Vincent la observó.

No parecía una mujer manipuladora.

Parecía una persona que había llegado al límite.

—¿Quién era él?

Chloe bajó la mirada.

—Alguien de mi pasado.

Antes de que Vincent pudiera responder, varios hombres aparecieron al final del corredor.

—Jefe.

Chloe se quedó inmóvil.

Jefe.

Miró a Vincent.

Realmente lo miró.

Y por primera vez comprendió quién era.

Los hombres más poderosos de Chicago hablaban de Vincent Moretti.

El hombre al que nadie provocaba.

El hombre que podía destruir una empresa con una llamada.

El hombre que no necesitaba levantar la voz para ser obedecido.

El miedo apareció en el rostro de Chloe.

—Yo…

Retrocedió.

—No sabía quién era.

Vincent observó cómo intentaba alejarse.

Y por alguna razón desconocida, no quería dejarla ir.


Durante los siguientes tres días, Chloe intentó convencerse de que aquello había terminado.

Un momento extraño.

Un error.

Nada más.

Pero Derek no desapareció.

Empezó a llamar.

Primero con disculpas.

Después con amenazas.

Mensajes.

Correos.

Flores negras dejadas en su oficina con notas crueles.

«Nadie te conocerá como yo».

«Vas a volver».

Chloe comenzó a revisar la cerradura varias veces antes de dormir.

Miraba las calles antes de salir.

Saltaba cuando un automóvil oscuro se detenía cerca.

El pasado seguía persiguiéndola.

Una noche llegó a su edificio bajo una fuerte lluvia.

Entró al vestíbulo.

Y se detuvo.

Derek estaba sentado allí.

Esperándola.

—Tenemos que hablar.

Chloe sintió que volvía a tener diecisiete años.

Pequeña.

Atrapada.

—Vete.

Derek sonrió.

—Sigues pensando que puedes alejarte de mí.

Se levantó.

Se acercó demasiado.

—Mírate.

Su mirada bajó con desprecio.

—¿De verdad crees que alguien más te verá diferente?

Chloe apretó los puños.

—No hagas esto.

Derek agarró su brazo.

Fuerte.

Demasiado fuerte.

—Eres exactamente la misma.

Una lágrima apareció en los ojos de Chloe.

No por dolor.

Por rabia.

Porque una parte de ella todavía escuchaba sus palabras.

Entonces una voz apareció detrás de ellos.

—Suéltala.

Derek se congeló.

Vincent Moretti estaba de pie junto a dos hombres.

No gritó.

No necesitaba hacerlo.

Derek soltó una risa nerviosa.

—Esto no es asunto suyo.

Vincent caminó hacia ellos.

—Ahora lo es.

Matteo, su guardaespaldas, tomó la muñeca de Derek.

Un movimiento.

Un giro.

Derek cayó de rodillas con un grito.

—La próxima vez que la toques —dijo Vincent— no tendrás una segunda oportunidad.

Chloe observaba en silencio.

Pero Vincent no miraba a Derek.

La miraba a ella.

Se acercó lentamente.

—¿Estás herida?

Ella negó.

Vincent levantó una mano.

Esperó.

No la tocó hasta que ella no se apartó.

Después limpió una lágrima de su rostro.

El gesto era extraño.

Porque aquel hombre era peligroso.

Pero en ese momento no parecía un monstruo.

Parecía alguien que entendía el daño.

—No tienes nada malo —dijo.

Chloe bajó la mirada.

—Derek decía…

—Derek mentía.

Vincent habló con absoluta seguridad.

—Tu cuerpo no es algo que debas esconder.

Aquellas palabras golpearon más fuerte que cualquier insulto.

Porque durante años nadie había hablado así con ella.


Cuando Chloe despertó al día siguiente, estaba en un lugar que parecía imposible.

Un penthouse.

Ventanas enormes.

Habitaciones elegantes.

Una vista completa de Chicago.

Durante unos segundos pensó que seguía soñando.

Entonces recordó.

Vincent.

Él estaba en la cocina.

—No has desayunado.

Chloe lo miró.

—¿Me está vigilando?

—Me aseguro de que comas.

—Eso no es una respuesta tranquilizadora.

Vincent casi sonrió.

—No estoy acostumbrado a tranquilizar.

Chloe observó el lugar.

—¿Estoy encerrada?

Vincent no respondió inmediatamente.

—No.

—Entonces puedo irme.

—Sí.

La respuesta la sorprendió.

—¿Sí?

—Puedes irte cuando quieras.

—Pero…

Vincent la miró.

—Pero quiero que entiendas algo.

Se acercó.

—No estás aquí porque seas débil.

Silencio.

—Estás aquí porque alguien intentó convencerte de que eras menos de lo que eres.

Chloe sintió lágrimas.

No esperaba eso.


Los días siguientes cambiaron todo.

Vincent había preparado un guardarropa nuevo.

Vestidos.

Zapatos.

Ropa elegida para ella.

No para esconderla.

Para mostrarla.

—No necesito esto.

—Sí lo necesitas.

—¿Por qué?

Vincent respondió:

—Porque durante demasiado tiempo alguien decidió cómo debías verte.

Chloe no supo qué decir.

Era aterrador.

Porque aquel hombre peligroso estaba haciendo algo que nadie había hecho.

Devolverle algo.

Su propia imagen.


Pero el mundo de Vincent nunca era tranquilo.

Una noche, Matteo llegó con información.

—Derek tiene problemas.

Vincent levantó la mirada.

—¿Qué tipo de problemas?

—Deudas.

—¿Con quién?

Matteo dudó.

—Con una familia rusa.

El ambiente cambió.

—Y hay algo más.

—Habla.

—Derek les dijo que Chloe es importante para ti.

Vincent permaneció en silencio.

Después tomó su chaqueta.


La noche siguiente llevó a Chloe a cenar a Alinea.

Por primera vez en años, ella se sintió hermosa.

No porque alguien se lo dijera.

Porque empezaba a creerlo.

Vincent estaba sentado frente a ella.

Su mano descansaba sobre la de Chloe.

Ella lo miró.

—¿Siempre controlas todo?

—Sí.

—Debe ser agotador.

—Lo es.

Chloe sonrió ligeramente.

—Entonces, ¿por qué no me controlas?

Vincent la miró.

—Porque tú no eres algo que quiera poseer.

Pausa.

—Eres alguien que quiero elegir.

Antes de que Chloe pudiera responder, las puertas del restaurante se abrieron.

Tres hombres armados entraron.

Todo ocurrió en segundos.

Vincent volcó la mesa.

Cubrió a Chloe con su cuerpo.

Los disparos llenaron el salón.

Matteo y los guardias reaccionaron.

El ataque terminó rápidamente.

Los hombres cayeron.

Pero entonces apareció Derek.

Herido.

Desesperado.

—Chloe…

Ella lo miró.

Ya no sentía miedo.

Solo cansancio.

Vincent levantó el arma.

—Se acabó.

Derek empezó a suplicar.

—No quería hacerte daño.

Chloe dio un paso adelante.

—Sí querías.

Silencio.

—Querías que tuviera miedo.

Derek bajó la cabeza.

Chloe continuó:

—Me hiciste creer que nadie me quería.

Miró sus propias manos.

—Pero estabas equivocado.

Vincent bajó ligeramente el arma.

Ella puso su mano sobre la suya.

—No quiero que mi final dependa de él.

Vincent la observó.

Después aceptó.

Porque por primera vez Chloe no estaba siendo protegida.

Estaba eligiendo.


Meses después, Chicago conocía un nuevo nombre.

Chloe Moretti.

No porque fuera la pareja de Vincent.

Sino porque había dejado de ser la mujer que Derek había intentado destruir.

Había recuperado su carrera.

Su confianza.

Su voz.

Vincent seguía siendo un hombre peligroso.

Seguía siendo alguien que muchos temían.

Pero Chloe ya no era una mujer escondida detrás de él.

Caminaba a su lado.

Una noche, mirando las luces de la ciudad desde el penthouse, Vincent preguntó:

—¿Te arrepientes?

Chloe pensó unos segundos.

Recordó el miedo.

La huida.

El pasillo del hotel.

El beso desesperado que cambió todo.

Sonrió.

—No.

Vincent la miró.

—¿Por qué?

Ella respondió:

—Porque por primera vez en mucho tiempo, mi vida volvió a pertenecerme.

Y esa fue la única cosa que Vincent Moretti nunca intentó quitarle.

Porque descubrió algo que ningún imperio, ningún dinero y ningún poder podía comprar:

Una persona puede ser protegida con fuerza…

pero solo puede quedarse cuando se siente libre.