Ocupó el lugar de su hermana en una cita a ciegas… sin saber que el novio era el jefe más temido de Chicago

Ocupó el lugar de su hermana en una cita a ciegas… sin saber que el novio era el jefe más temido de Chicago

El mensaje de Vanessa llegó cuando Chloe estaba a punto de salir del museo.

Ella Ocupó El Lugar De Su Hermana En Una Cita A Ciegas, Sin Saber Que El Novio Era UN Despiadado Jef

“Necesito que ocupes mi lugar esta noche. Mi vida depende de ello. Por favor, no hagas preguntas”.

Chloe leyó aquellas palabras tres veces. Conocía bien a su hermana menor. Vanessa vivía entre fiestas, romances desastrosos y decisiones que otros terminaban arreglando. Casi siempre era Chloe quien recogía los pedazos.

Esta vez parecía diferente.

Cuando logró llamarla, Vanessa hablaba entre sollozos.

—Tengo que abandonar el país esta misma noche.

—¿Qué has hecho?

—Nada. Es Tommy. Se metió en problemas con gente peligrosa.

—Entonces ve a la policía.

—No entiendes. Solo necesito que vayas a una cena en mi lugar. Dile que estoy enferma y discúlpate. Después márchate.

Chloe debería haber rechazado la petición.

Pero Vanessa pronunció la frase que siempre conseguía doblegarla.

—Eres mi única familia.

Dos horas después, Chloe entró en uno de los restaurantes más exclusivos de Chicago. No intentó parecerse a su hermana. Llevaba su vestido negro favorito, sencillo y ajustado, y el cabello recogido de la forma que utilizaba para trabajar.

El encargado la condujo más allá del comedor principal, bajando por una escalera hasta una habitación privada sin ventanas.

Allí la esperaba un hombre vestido con un traje oscuro.

Dominic Castellano no necesitaba levantar la voz para resultar amenazante. Su cuerpo estaba inmóvil, pero sus ojos lo analizaban todo. Dos hombres armados vigilaban junto a la puerta.

Chloe se sentó frente a él.

—Señor Castellano, soy Chloe, la hermana de Vanessa. Ella no se encuentra bien y me pidió que viniera a disculparme.

Dominic la observó durante varios segundos.

—Sé perfectamente quién eres.

El corazón de Chloe comenzó a acelerarse.

—Entonces comprenderá que esto ha sido un malentendido.

—No existe ningún malentendido.

Dominic colocó sobre la mesa varias fotografías. En ellas aparecían Vanessa y su novio, Tommy, subiendo a un avión privado.

—Tu hermana está huyendo hacia México.

Chloe sintió un vacío en el estómago.

—¿Por qué?

—Porque Tommy robó tres millones de dólares de una operación que me pertenecía.

—Yo no tengo nada que ver con eso.

—Vanessa aceptó pagar la deuda casándose conmigo. Era un acuerdo para evitar que Tommy recibiera un castigo mucho más definitivo.

Chloe quedó paralizada.

Aquello nunca había sido una cita.

Vanessa sabía con quién debía encontrarse. También sabía que Dominic no permitiría que se marchara sin cumplir el acuerdo.

—Mi hermana me utilizó como sustituta —murmuró.

—Te utilizó como escudo.

Chloe se levantó.

—Pues el acuerdo sigue siendo con ella. Yo me marcho.

Uno de los guardaespaldas bloqueó la puerta.

Dominic permaneció sentado.

—Hasta que encuentre a Vanessa y a Tommy, tú te quedarás conmigo.

—Eso es secuestro.

—En mi mundo lo llamamos garantía.

La llevaron a una propiedad de Lake Forest rodeada por muros, cámaras y guardias armados. El interior era tan lujoso como frío. No parecía una casa, sino una fortaleza diseñada para resistir una guerra.

Dominic la condujo hasta una habitación del piso superior.

—Puedes moverte libremente por esta planta. Las puertas exteriores permanecerán cerradas.

—No soy responsable de la deuda de Vanessa.

—Tal vez no. Pero ella te eligió para ocupar su lugar.

Chloe se volvió hacia él.

—No soy como mi hermana. No pienso llorar, seducirte ni prometerte cosas para conseguir que me liberes.

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Dominic.

—Ya lo había notado.

Él se acercó y apartó un mechón de cabello de su rostro. El gesto fue suave, aunque Chloe sintió la amenaza escondida detrás de aquella aparente delicadeza.

—No me toques.

Dominic retiró la mano.

—Tienes valor.

—Tengo hambre.

Por primera vez, él soltó una carcajada.

En lugar de ordenar a un empleado que preparara la cena, la llevó hasta la cocina. Se quitó la chaqueta, se arremangó la camisa y comenzó a cocinar pasta.

Chloe lo observó con incredulidad.

—¿El jefe criminal más temido de Chicago prepara carbonara?

—Los hombres poderosos también necesitan comer.

—Pensé que tendrías personas para hacerlo.

—Las tengo. Pero no cocinan como mi abuela.

Durante la cena, Dominic no dejó de observarla.

Chloe estaba acostumbrada a que la gente juzgara su cuerpo antes que su inteligencia. Había pasado años escuchando consejos no solicitados sobre dietas, ropa y lo que debía cambiar para parecerse más a Vanessa.

Dominic no la miraba con desprecio.

La miraba como si cada curva le resultara deliberadamente peligrosa.

—Tu hermana siempre intentaba parecer perfecta —dijo él—. Tú ni siquiera lo intentas.

—No necesito hacerlo.

—Exacto.

Un disparo rompió una de las ventanas.

Dominic empujó a Chloe al suelo justo cuando una ráfaga de balas atravesó la cocina.

Las luces se apagaron. Se escucharon gritos, cristales rotos y órdenes por toda la casa.

Dominic sacó un arma oculta bajo la mesa.

El hombre que había cocinado para ella desapareció.

En su lugar surgió el jefe de una organización criminal.

—Mantente detrás de mí.

La llevó por un pasillo oculto hasta una habitación blindada. La puerta de acero se cerró mientras nuevos disparos retumbaban al otro lado.

Chloe respiraba con dificultad.

—¿Quiénes son?

—Los Moretti.

—¿Cómo sabían que estabas aquí?

Dominic observó las cámaras de seguridad.

—Alguien les dio la información.

Entonces recibió una llamada de uno de sus hombres. Su expresión se endureció mientras escuchaba.

—Tommy no solo robó dinero —dijo al terminar—. Vendió mi ubicación a los Moretti para que lo dejaran escapar.

Chloe comenzó a unir las piezas.

Vanessa sabía que ella acudiría al restaurante. Tommy sabía que Dominic estaría en la mansión después de la cena.

Su hermana no la había enviado para ofrecer una disculpa.

La había colocado en medio de un ataque.

—Vanessa sabía lo que iba a pasar —susurró Chloe.

Dominic se acercó.

—Tu hermana decidió que su vida valía más que la tuya.

Las lágrimas amenazaron con aparecer, pero Chloe se negó a derramarlas.

—Toda mi vida la he protegido.

—Y ella te convirtió en un peón.

Dominic levantó su barbilla.

—Pero cometió un error. Tú no eres un peón.

—¿Entonces qué soy?

—Una reina que todavía no sabe dónde está su trono.

El sonido de los disparos se intensificó. Chloe creyó que morirían allí dentro.

Dominic la besó.

No fue un gesto tierno ni prudente. Fue un beso nacido del miedo, la rabia y una atracción que ambos habían intentado ignorar desde aquella primera mirada.

Cuando se separaron, Chloe apenas podía respirar.

—Eso no cambia que me hayas secuestrado.

—No —respondió él—. Pero cambia lo que ocurrirá cuando salgamos de esta habitación.

Los hombres de Dominic controlaron la mansión antes del amanecer. Los atacantes fueron detenidos y la mayoría de los Moretti huyó de la ciudad.

Dominic preparó documentos para enviar a Chloe a Aspen bajo una identidad nueva.

Ella los rechazó.

—No volveré a esconderme por culpa de Vanessa.

—Tommy sigue libre.

—Tal vez sé dónde encontrarlo.

Dominic arqueó una ceja.

Chloe trabajaba como archivista especializada en la historia urbana de Chicago. Durante años había estudiado planos antiguos, edificios abandonados y rutas de contrabando utilizadas durante la Ley Seca.

Recordó que Tommy había comprado recientemente un almacén en Fulton Market por un precio absurdo.

—No quería el edificio —explicó—. Quería lo que existe debajo.

Extendió sobre la mesa una copia de un plano histórico.

Una red de túneles conectaba el almacén con varios edificios y una salida cercana al río.

Dominic estudió el mapa.

—Mis hombres revisaron la propiedad. Estaba vacía.

—Porque buscaron arriba.

Una hora después, un equipo armado entró en los túneles.

Encontraron a Tommy escondido junto a dinero, documentos falsos y armas. Vanessa estaba con él.

Ambos fueron llevados a la mansión.

Cuando entraron en el despacho de Dominic, Chloe se encontraba sentada detrás del gran escritorio, cubierta con una de las camisas negras de él.

Tommy tenía el rostro golpeado. Vanessa lloraba.

—Chloe, tienes que creerme —suplicó su hermana—. Tommy me obligó a escapar.

—¿También te obligó a enviarme a aquella cena?

Vanessa guardó silencio.

—Sabías que Dominic era peligroso. Sabías que los Moretti atacarían. Aun así, me mandaste en tu lugar.

—Tenía miedo.

—Yo también. La diferencia es que tú decidiste que fuera yo quien pagara por tu miedo.

Dominic sacó su arma y apuntó a Tommy.

—Espera —dijo Chloe.

Todos la miraron.

—No manches la alfombra. Parece cara.

Una lenta sonrisa apareció en el rostro de Dominic. Guardó el arma y ordenó que se llevaran a Tommy.

Vanessa se arrodilló ante su hermana.

—Por favor, no me abandones.

Chloe recordó todas las veces que había cancelado sus planes para rescatarla. Todas las mentiras que había perdonado. Todas las ocasiones en que Vanessa había utilizado el amor familiar como una cadena.

—Saldrás de Chicago esta mañana —dijo—. Dominic te dará un billete de avión y dinero suficiente para comenzar de nuevo. Después desaparecerás de mi vida.

—¿Y si regreso?

Chloe sostuvo su mirada.

—La próxima vez no tendrás una hermana que te proteja.

Cuando Vanessa fue retirada del despacho, el silencio llenó la habitación.

Dominic se acercó a Chloe.

—Entraste en mi vida como garantía de una deuda.

—Y casi muero por culpa de esa deuda.

—Después encontraste al hombre que mis soldados no podían localizar.

—No soy una mujer indefensa.

—Nunca lo fuiste.

Él colocó las manos sobre su cintura.

—No quiero que seas mi prisionera, Chloe. Quiero que seas mi compañera.

—¿En tus negocios?

—En todo.

—Eso suena peligrosamente parecido a una propuesta de matrimonio.

—Tal vez porque lo es.

Chloe miró la ciudad a través de los grandes ventanales. Veinticuatro horas antes era una archivista acostumbrada a permanecer lejos del centro de atención. Ahora había sobrevivido a un ataque, encontrado a un traidor y expulsado de su vida a la hermana que siempre la había utilizado.

Dominic no la había convertido en alguien poderosa.

Solo había reconocido algo que siempre había estado dentro de ella.

—No volverás a decidir por mí —advirtió.

—Nunca más.

—Y no seré una pieza decorativa en tu mansión.

—Serás quien me diga cuándo estoy a punto de cometer un error.

—Eso ocurrirá con frecuencia.

Dominic sonrió.

—Por eso te necesito.

La besó mientras la primera luz del amanecer cubría Chicago.

Vanessa había enviado a su hermana para ocupar su lugar en una cita de la que creyó que nadie podría escapar.

Sin embargo, Chloe no terminó convertida en una víctima ni en un pago.

Terminó sentada junto al hombre más poderoso de la ciudad, no como una rehén, sino como la mujer que había demostrado ser digna de compartir su imperio.