En 1887, en pleno desierto de Nuevo México, vi a siete cazadores de recompensas rodeando una carreta volcada. Atado a una rueda, con la cara ensangrentada, estaba un muchacho mexicano que valía…
El sol caía como un plomo derretido sobre las llanuras de Nuevo México, y el polvo se levantaba en nubes espesas tras los cascos del caballo de Jack Harlan. Era 1887, y Jack llevaba tres días sin ver a un alma viva, solo buitres y huesos blanqueados. En el bolsillo del chaleco llevaba tres monedas … Read more