Próxima a su hijo, el rey Felipe VI, mantiene una destacada actividad oficial vinculada a fundaciones y organizaciones no gubernamentales y en dos años no ha visitado a Juan Carlos I en su exilio voluntario en Emiratos Árabes Unidos

“Ódiame, pero fastídiate, que no te puedes divorciar”, replicó la reina Sofía al rey Juan Carlos en el transcurso de una discusión en la que él le repetía: “¡Te odio! ¡Te odio!”. Cuenta la escena Jaime Peñafiel, el archifamoso periodista español experto en Casa Real, amigo de Juan Carlos I, ex director de ¡Hola! y hoy muy crítico con Sofía. Ha dejado escrito -y lo cuenta en conversación con Infobae- que aquélla trifulca se la contó el general Sabido Fernández Campo, el ya fallecido jefe de la Casa de Su Majestad el Rey.
Peñafiel habla con palabras gruesas de la reina Sofía, de cómo su papel se ha devaluado por sus propias decisiones: sobre todo, la de no divorciarse. “Ella podía haberlo hecho, pero ha preferido la indignidad de mantener su papel, su estatus, cuando toda España sabía las historias del rey Juan Carlos”, comenta el periodista.

Sofía vive en un segundo plano, “más próxima a su hijo que a su marido”, explica Peñafiel. Ese ha sido el papel clave de la Reina -mantiene el título- en los últimos años, desde que su hijo se convirtiera en Rey en una sesión solemne celebrada el 19 de junio de 2014 en el Congreso de los Diputados. Hasta el punto, añade el periodista en su conversación con este medio, de que ha intercedido en los conflictos matrimoniales de Felipe VI y la reina Letizia.
La reina Sofía es, tras Felipe VI, el miembro más valorado de la Familia Real en las encuestas. Siempre se la ha considerado una víctima del comportamiento de su marido. Léase: sus escarceos amorosos y la gran humillación pública que sufrió en 2012.
Nadie sabía oficialmente nada de ese viaje. Un viaje que su entorno le había aconsejado que no hiciera. Hasta el punto de que mientras el Rey estaba en Botsuana, la Reina Sofía viaja a Grecia, su país de origen. A celebrar la Pascua ortodoxa.
Lo hacía sin saber dónde estaba exactamente su marido. De vez en cuando preguntaba: “¿Cuándo viene el rey”, a lo que sólo obtenía por respuesta: “Un día de estos”. Mientras operaban al rey, Sofía recibió la noticia del accidente y de las circunstancias que lo rodearon. Decidió no volver a España de inmediato. Retrasó la vuelta. Un gesto de venganza, quizá. Un pequeño castigo. Fue motivado por aquél escándalo cuando en los pasillos de Zarzuela atronó una frase que hoy se da por cierta: “O Corinna, o Corona”. Al salir del hospital, apoyado en sus muletas, el Rey lanzó un mensaje que impactó a los españoles: “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”.

Es la periodista Carmen Enríquez, cronista de la Casa Real en Televisión Española y muy próxima a los reyes, con los que ha compartido todos sus viajes oficiales, quien cuenta los detalles de este y otros episodios en su libro Sofía. Nuestra Reina. Una suerte de crónica en la que se ensalza el papel de Sofía y pone en valor su aguante, su lealtad con la Corona y Juan Carlos I y su actual labor solidaria en colaboraciones estrechas con Organizaciones No Gubernamentales (ONG)y fundaciones.
Una visión muy alejada de la que defiende Peñafiel, quien sostiene que la Reina “ha sido una mujer derrochona, que cuando viajaba a Londres a ver a su hermano se hospedaba en el Claridge a todo lujo y que no hace nada. Es un misterio” a qué se dedica.
Este mismo 6 de enero, la periodista Pilar Eyre, experta en Casa Real, hablaba en la misma línea: “Es una compradora compulsiva”. Y añadía: “Escribo libros sobre la Familia Real hace muchos años y quería que la reina [Sofía] me cayera bien; la veía una mujer sometida al marido y sacrificada, pero a pesar de todos los esfuerzos que hacía cuando preguntaba si Sofía no sabia na de [los negocios] de Juan Carlos, todo el mundo me decía que no sólo lo sabía, sino que lo animaba en esa dirección”.


